La Tercera Posición

Enviado por Aymara el 18 octubre, 2007 a las 16:00
Aymara

En el presente trabajo se efectuará una comparación de las distintas visiones de los autores citados con respecto al período comprendido por las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón y la “Tercera Posición”.
Para Martín Pouget el tercerismo de Perón aparece como una interpretación de los fenómenos protagonizados por el facismo italiano y el nazismo alemán, en ocasión de enfrentarse a las fuerzas combinadas del capitalismo y del comunismo entre 1939 y 1945. Se trata de una formulación ecléctica puesto que pretende corporizar valores provinientes de sistemas contrapuestos. En la práctica, la Tercera Posición tiene como campo de acción tanto el ámbito interno como el contexto internacional. Coincide en este punto con Puig cuando define a la tercera posición como doctrina de operatividad dual (interna y externa). Para dicho autor, desde el punto de vista interno, la tercera posición significaba una alternativa distinta entre el individualismo capitalista y el socialismo colectivista. En cuanto a lo externo, significaba la “no alineación”. En este punto se basan para considerar que Perón fue el precursor del actual Movimiento de los No Alineados.
Para De la Balze los rasgos distintivos de la tercera posición se conformaron gradualmente entre 1930 y 1950. Afirma que durante este período se pensaba que para la Argentina la mejor opción era quedar al margen de los conflictos a través de una estrategia de desarrollo económico introspectivo, apuntando a transformarse en un centro regional de poder. La llamada “tercera posición” y el “latinoamericanismo argentino”, según éste autor, reflejaban simbólicamente estas posturas que no eran otra cosa que una versión ideológicamente remozada de la “política de no compromiso”, que predominó en el período de la “política exterior de la organización nacional”. En este punto Puig considera que la Tercera Posición tenía una amplia sustentación en la realidad de la política internacional y que implicaba un nuevo “proyecto nacional” que habría reemplazado el viejo proyecto de la generación del '80.
Política Económica:
De La Balze afirma que una Argentina lanzada de lleno a un proyecto de desarrollo autárquico no supo reconocer que, durante los quince años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, el escenario económico internacional volvió a cambiar dramáticamente, como resultado de los acuerdos liberalizantes instrumentados sobre temas financieros en la Conferencia de Brettons Woods (1944) y sobre temas comerciales en la Conferencia de la Habana (1947). Según dicho autor, la Argentina fue la unica nación próspera y relativamente avanzada de la preguerra que rechazó el nuevo orden económico liberal y multilateral impulsado por los aliados occidentales durante la posguerra. El modelo de desarrollo hacia adentro generó una economía cerrada y penalizó profundamente el potencial exportador de la economía argentina.
El proyecto de crecimiento económico peronista basaba sus programas de industrialización en el mentenimiento de altos precios para las exportaciones argentinas. Estos precios quedaban asegurados si se cumplian las presunciones de Perón sobre una nueva guerra. En opinión de Pouget, no había necesidad de llevar a la Argentina a una crisis de su balanza de pagos, en aras de una autarquía economica como la emergente del programa de nacionalizaciones y repatriación de la deuda pública, si el verdadero objetivo era la industrialización. La suposición de un tercer conflicto mundial, da mayor sentido a la política adoptada por Perón, aunque no explica porqué se repatrió deuda pública sin vencimientos inmediatos, o porqué se insistió en la compra de los ferrocarriles a pesar de la inconvertibilidad de la libra.
Los hechos llevaron a Perón a enfrentar una durisima crisis de balanza de pagos en 1949/50. Después de ese momento se profundiza la idea de recomponer una relación más 'favorable' con Estados Unidos debido a la necesidad imperiosa de capitales extranjeros y la flexibilización de la 'independencia económica', en este sentido se promulgará la nueva legislación sobre inversiones en 1953.
Política Global:
Entre los conceptos vertidos por Puig, la tercera posición, y la no alineación a un bloque determinado no significa necesariamente la “no pertenencia” a un bloque; basta la aspiración a lograr la máxima autonomía “dentro” del bloque.
La decadencia británica era un hecho, por lo que la Argentina no podía obviar un nuevo centro de referencia: Estados Unidos. La real cuestión, para Puig, era si se optaba por una línea dependentista nacional o si se seguía decididamente una estrategia autonomista de tipo heterodoxo. Fue esta la opción elegida por el gobierno peronista. Según Martín Pouget, este modelo podría incluirse dentro de los modelos que, tratando de cuestionar la estratificación mundial del poder, privilegiarían ante ella la variable 'autonomía' antes que la de 'crecimiento'.
En vista de el nuevo contexto global, y para lograr cierta autonomía con respecto al centro de referencia, el gobierno trató de mantener y acrecentar dentro de lo posible las “vinculaciones” con otros países, especialmente los europeos. La recomposición de relaciones con la Unión Soviética (junio de 1946) constituye un episodio relevante, por constituir un claro ejemplo de las 'políticas de impacto' que aplicó Perón en muchas ocasiones. Argentina también mantuvo relaciones con la República Federal Alemana, así como con España. El espíritu mismo de la Tercera Posición empujaba al estrechamiento de vínculos con países que optaban también por la vía del no compromiso con los bloques, como Yugoslavia y Egipto.
Pouget hace referencia a claros ejemplos que contradicen la clásica postura de calificar al gobierno peronista de neutralista:

  • Primero y principal la inclusión de la Argentina en el TIAR, sistema defensivo hegemonizado por una de las superpotencias. El país firmó (1947)y luego ratificó (1950), llegando inclusive a proponer su participación directa en la ciris de Corea, luego desmentida por la fuerza de los sucesos internos.
  • Las votaciónes de la Argentina en la ONU, entre 1946 y 1955. En la cuestión de las hostilidades entre Indonesia y Holanda por el tema de la independencia (1945-1948) la Argentina, aunque siempre propuso la vía pacífica de solución, nunca condenó en forma expresa (se abstuvo de votar en las resoluciones que así lo hacían) el intervencionismo militar de la metrópoli. Su postura siempre fue más cercana a la ambigüedad.
  • También lo fue en la cuestión emergente de la Revolución China (que dio la victoria a las fuerzas de Mao y significó el traslado de la China Nacionalista a Taiwan) ya que Argentina reconoció sólo a ésta última su derecho a participar en la ONU absteniendose en el caso de China Comunista. Pero la China de Mao fue uno de los 24 países que asistieron a Bandung (1955) donde comenzó a darse contenido al no alineamiento.
  • La falta de apoyo a la política India de denuncia del régimen de apartheid instaurado en Sudafrica (1953) y la oposición a una revisión de la política francesa en Marruecos tampoco pueden ser consierados como datos que aporten a la perspectiva de la Tercera Posición como precursora del no alineamiento.

Política Regional:
Según de La Balze, las posiciones pro Eje y/o neutralistas que la Argentina sostuvo durante la Segunda Guerra Mundial y las medidas de presión política (1941-1945) y de bloqueo económico (1943-1949), con las que respondió el gobierno norteamericano, generaron una profunda desconfianza entre la Argentina y los EEUU. Como resultado de la relativa “irrelevancia estratégica” y de la modesta relación económica bilateral, la Argentina pesó muy poco en la política exterior contemporánea de los EEUU, salvo en circunstancias diplomáticas muy puntuales. La “política exterior del aislamiento”, respecto de los EEUU, se caracterizó del lado argentino por una cierta “neglicencia displicente”, que se entrelazaba con una cierta predispocisión hacia la confrontación retórica, en temas que usualmente le permitían a la Argentina afirmar su política de “alto perfil”.
Puig dice que hubo grandes discrepacinas con EEUU, pero ellas no obedecieron a una postura anti-estadounidense generalizada, producto de la necesidad de preservar la vinculación europea dentro de un contexto dependentista, sino a la distinción entre los intereses estratégicos globales de la comunidad occidental y el interés nacional de EEUU. De hecho Argentina respaldó a Estados Unidos cuando, según su propia apreciación, correspondía la solidaridad argentina, pero reservó su libertad de acción en temas de interés estratégico argentino. En cuanto se refería a los temas agudos de la guerra fría, la Argentina estuvo siempre de parte de Estados Unidos. En la ONU, Argentina votaría con Occidente, o se abstendría cuando considerara que no estaban claros los reales intereses de Estados Unidos. En otras cuestiones que interesaban a Estados Unidos, pero que no estaban directamente conectadas a la confrontación con la Unión Soviética, la Argentina mantuvo su posición. Ejemplo de ésto son la no adhesión a los acuerdos de Bretton Woods y la no pertenencia durante todo el período al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento.
Política Subregional:
En este punto es de destacar las particulares relaciónes entre Brasil y Argentina.
La Argentina enfrentaba una neta preferencia norteamericana por Brasil. En el tema militar la Argentina que encontró Perón ya enfrentaba un serio desbalance en cuanto a equipamiento. Tanto para Martín Pouget como para De la Balze, la neutralidad conllevó al aislamiento del país de América Latina. Al pretender articular un bloque de Estados latinoamericanos que diera sustento regional a su Tercera Posición, Perón no tuvo el éxito esperado debido a la no participación de Brasil, actor ineludible en todo proceso regional de agregación de poder.
Según Mónica Hirst, el mantenimiento del nexo económico con Gran Bretaña creaba para Argentina un margen de autonomía con significados ambigüos para Brasil, quien era aliado incondicional de Estados Unidos. La principal discordancia entre ambas naciones consistía en que la diplomacia argentina estaba en favor de prácticas de complementación económica para establecer sistemas comerciales de preferencia entre países, independientementede la aprobación de los organismos multilaterales crados a partir de 1945. La posición de Brasil fue siempre en defensa obstinada del multilateralismo y de la cláusula de la nación más favorecida. En el campo político Brasíl procuró amparar con fidelidad el proyecto ideológico de los Estados Unidos; la Argentina trató de mantener al máximo una posición equidistante de los polos de poder internacional que se cristalizan con la guerra fría.
La política internacional del segundo gobierno de Getulio Vargas (1951-54) tendrá como una de sus características más relevantes el intento de recuperar el poder de negociación del Brasil frente a los Estados Unidos. Para el gobierno argentino, las concesiones brasileñas a los EEUU eran atribuidas a las presiones internas sufridas por Vargas. Éste, muchas veces era percibido como una víctima, incapacitado de llevar adelante su deseo de acercamiento a Perón.
Según De la Balze se dio una primacía de la “geopolítica” sobre la “integración”. La sustitución de la tradicional diplomacia subregional de “realpolitik” por una nueva diplomacia orientada hacia la “integración” demandaba como precondición necesaria la resolución de los conflictos territoriales subsistentes, cuando aún persistían conflictos sobre temas limítrofes con Chile y sobre la utilización de recursos compartidos con Brasil. Además la concepción predominante en los grupos dirigentes argentinos que percibían la integración latinoamericana como un instrumento privilegiado para competir con los EEUU, dificultó la puesta en marcha exitosa de dicho proceso. Es obvio que la puesta en marcha de un proceso de integración económica requeriría la cooperación y apoyo por parte de la superpotencia.
Conclusiones:
Para De la Balze, nuestro país interpretó erróneamente el nuevo escenario mundial e instrumentó una respuesta equivocada a la grave crisis estratégica, económica y política que el país tuvo que enfrentar cuando los fundamentos del orden político multipolar y del orden económico globalizante del período anterior entraron en crisis terminal. En lo político, los grandes lineamientos de la “política exterior de la organización nacional” mantuvieron su obsoleta preeminencia, a pesar de que las premisas fundamentales que aseguraban el éxito de dicha política habían desaparecido. En lo económico, un proyecto de desarrollo introspectivo redujo dramáticamente la calidad y la densidad de la relación económica entre la argentina y el resto del mundo. Para este autor la política exterior debiera haberse orientado a desarrollar una relación económica y política privilegiada con los EEUU, a favorecer una reducción de los contenciosos con los países vecinos y a promover en el marco de una estrategia de desarrollo que contribuyera a modernizar su estructura productiva, una estrategia participativa y activa en el proceso mundial de liberalización comercial y financiero en marcha. Afirma que el error fundamental argentino fue sobrevaluar la relevancia de sus atributos de poder y prestigio y subvaluar la importancia del posicionamiento.
Para Martín Pouget, el error de percepción más grave se relaciona con haber ligado el proyecto de desarrollo al tema de la inevitabilidad de una Tercera Guerra Mundial. La no actualización del supuesto central impediría la concreción del proyecto peronista, conviertiendo en disfuncional la Tercera Posición. Además, la ambigüedad permitió formular un discurso contrario a los actores centrales del sistema bipolar y mantener, al mismo tiempo, una capacidad de definición de 'última instancia' a favor de uno de los dos polos. Esta definición de 'última instancia' asociaba su contenido a la rigidez del sistema y, en la medida que avanzara la flexibilización del mismo, iría perdiendo su razón de ser.
Para Puig, la Tercera Posición conformó un nuevo proyecto de política exterior tan coherente como el de la generación del '80. El centro de referencia ya no fue Gran Bretaña sino Estados Unidos, pero las relaciones con la potencia dominante no adoptaron un carácter dependiente sino autonómico; sólo que ésta autonomía se manifestó en forma heterodoxa. Desde el punto de vista económico, la Argentina, cuyas ventajas comparativas con respecto a Estados Unidos son anuladas por restricciones aduaneras y de otro tipo; que también es discriminada por la Comunidad Económica Europea, no tenía alternativas de inserción fructífera que no fuera con los países del llamado “Tercer Mundo”, comenzando por los latinoamericanos y con los países socialistas.
Comentario Personal:
Coincido con Puig en considerar que La Tercera Posición conformó un proyecto de política exterior tan coherente como el de la generación del '80. Tuvo una coherencia interna y externa, basada en la integración de los distintos aspectos de la política, tanto económica, como social.
No concuerdo con De la Balze cuando afirma que Argentina debería haber mantenido una relación de privilegio con EEUU para beneficiarse de su apoyo. De la observación de lo sucedido con Brasil, se desprende que no habrían mayores beneficios ante una alineación incondicional, y que una posición más autonómica podría traer mayores beneficios. Tampoco concuerdo con la explicación otorgada por éste autor en cuanto a los motivos de la presión por parte de Estados Unidos, ya que el neutralismo por sí mismo no es suficiente como explicación, porque existieron claras muestras de una afiliación de la Argentina hacia la esfera occidental y porque coincido con Pouget en considerar que la verdadera motivación de Estados Unidos era dar un fin a la relación privilegiada de Argentina con respecto a Gran Bretaña.
En cuanto a los intentos de integración económica en el ámbito subregional, considero que el contexto internacional imperante en dicho período hicieron imposible su viabilidad. En este punto destaco el papel de Estados Unidos en su presión a Brasil para evitar cualquier iniciativa en dicho sentido. Coincido con De la Balze en considerar que ante cualquier intento de integración era imperativo resolver de antemano los conflictos preexistentes, como lo son los conflictos de límites con Chile y de utilización de recursos naturales con Brasil. Pero no concuerdo con la necesidad de el apoyo incondicional de Estados Unidos como requisito ineludible para lograr una integración en la subregión, ya que con una no intervención de dicha potencia hubiera sido suficiente.
La Tercera Posición implícitamente se autodefine como superadora del Capitalismo y del Socialismo, subyacente a ésto existe una intención de acción integral sobre los problemas nacionales, tal como estos emergen de los planos social, político y económico. Ésta “mística salvacionista” a nivel discursivo y las políticas de impacto consistieron sólo en un intento de autonomía a nivel retórico, cuando considero que el poder real de Perón no tenía el mismo nivel de acción.
Perón especulaba sobre el estallido de una Tercera Guerra Mundial. Esta nueva contienda debía encontrar a la Argentina preparada, comercial e industrialmente. Ello explica sus políticas de autarquía económica y política. No hay que olvidar que en la época, pensar en una nueva contienda no era una idea descabellada, pero coincido con Pouget que fue la incapacidad de adaptar el modelo ante la no concreción de dicha circunstancia, lo que volvió obsoleto al Tercerismo de Perón.
Considero valioso el aporte de Perón en su intento de conciliar los dos extremos para dar una respuesta distinta a la necesidad de inserción de Argentina en el mundo. Coincido en este punto con Puig cuando dice que muchas veces “el sentido profundo de la Tercera Posición de el peronismo escapó a sus contemporáneos, que optaron por la crítica fácil de considerarla una política oportunista y vacía de contenido”.
En mi opinión personal, la política de la “Tercera Posición” fue un intento valioso de autonomía por parte de la Argentina que no se ha vuelto a lograr, y que sería bueno recuperar. En este sentido es importante poder ser visionario como lo fue Perón en su época, pero adquirir la flexibilidad necesaria para adaptarnos a los cambios que implica un contexto de globalización sin renunciar a adquirir y mantener cierta autonomía en nuestra política exterior.


TE

Enviado por PAUULOIOII el 30/03/2008 a las 19:11




TE AMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

SOS MI TGODOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO







Suscribirse a los comentarios de este artículo en RSS

Navegación guiada

En linea...

En estos momentos hay 5 personas visitando "No te tengo miedo"

Comentarios recientes

Inscríbete

Inscríbete aquí para escribir en este sitio